En tan solo un año, Diego Hernández, de 31 años, ha perdido 90 kilos. Para este joven, la reducción del 85% de su estómago le ha salvado la vida. «Es la mejor decisión que he tomado, y lo volvería hacer», relata. El pasado 9 de octubre se cumplió el primer año de su intervención, a cargo del equipo de Cirugía Bariátrica del Complejo Asistencial de Salamanca. De hecho, hace unos meses se tatuó en el brazo un reloj donde señala la hora exacta que entró en quirófano, a las 12:15. «El reloj también simboliza el tiempo que estuve esperando hasta que llamaron para operarme, casi cuatro año», confirma.

Hace poco más de un año pesaba 187 kilos, con sus 187 centímetros de altura, y su vida de entonces nada tiene que ver con la de ahora. «Mi vida ha cambiado por completo, en todo, desde poder subir las escaleras y no cansarme, montarme en el coche y no tener el asiento echado hasta atrás, porque si no lo dejo como lo tenía antes no llego a los pedales, y muchas cosas más».

De niño Diego ya era obeso y asegura que cuando otros niños de su edad pesaban 30 kilos, él alcanzaba ya los 60, «el doble». Y aunque no lo tuvo fácil para hacer amigos, él recuerda una infancia feliz. «Aunque a esas edades son crueles, o te miran por la calle», apunta. Cuando llegó a la adolescencia los kilos de más no eran un problema para él, «jugaba al fútbol y salía de fiesta». Pero según fue creciendo y sumando kilos a la báscula, su calidad de vida empeoró, y también su salud psicológica. «En la última etapa antes de operarme estaba muy mal, y veía que no podía hacer las mismas cosas que mis amigos o comprarme la ropa que quería, no tenía talla», detalla Diego.

Para él, el último año y medio antes de entrar en quirófano fue «una agonía», y como confiesa, «me daba todo igual, no me cuidaba». Los dolores de sus piernas cada vez eran más fuertes debido a su sobrepeso, y podía ir a trabajar a base de pastillas para aliviarlo. «Muchas veces lloraba de rabia e impotencia, hasta que mi novia Ana puso una reclamación ante tanta demora para operarme, y finalmente me llamaron», admite.

En su mente tiene una larga lista de actividades de la vida diaria que con los 187 kilos de peso no podía realizar:«Ir a una terraza y no poder sentarme en una silla de plástico, no podía, y si lo hacía, en el borde porque no entraba». Diego tampoco podía doblar su cuerpo, ni agacharse a ponerse los calcetines, «llevaba años sin verme la planta de los pies». Este joven cree que la gente no se plantea este tipo de acciones, pero es consciente de que hay mucha gente en la situación que estaba él y les invita a dar el paso de ir a un especialista que analice su caso. Además, insiste en que le gustaría que una persona delgada se pudiera meter durante 24 horas en la cabeza y la vida de un obeso mórbido.

La ropa era otro gran obstáculo en su vida, que aunque es algo estético sí le condicionaba a la hora de hacer vida social, salir de fiesta o incluso ir a una boda. «Mis camisetas eran una talla 6XL y los pantalones una 72 o 74, era muy difícil conseguir ropa, a veces por internet, pero nunca algo que me gustase, era más para personas mayores que para gente de mi edad», argumenta Diego. Llevaba desde los 14 años sin poder ponerse un chandal. Con 90 kilos y de forma progresiva, ha pasado primero a la XLy luego a la talla L actual, «no me lo creía».

Para el equipo que le operó, especialmente a la doctora Lourdes Hernández Cosido, solo tiene palabras de agradecimiento:«Mi madre me ha dado la vida pero ella también, y siempre la recordaré, y el trato que me está dando en el seguimiento», resalta.

El equipo de Cirugía Esofagogástrica y de la Obesidad, Omar Abdel-lah, Lourdes Hernández Cosido, Isidro Jiménes, Sixto Carrero y Felipe Parreño.

El equipo de Cirugía Esofagogástrica y de la Obesidad, Omar Abdel-lah, Lourdes Hernández Cosido, Isidro Jiménes, Sixto Carrero y Felipe Parreño. / LAYA

Junto a la doctora Hernández Cosido, el equipo de Cirugía Bariátrica también está compuesto por Felipe Parreño, Sixto Carrero, Isidro Jiménez y Omar Abdel-lah, que operan una media de 80 pacientes al año, dos cada semana. En la actualidad, cerca de cien personas están en lista de espera, de algo más de un año de media, «estamos a punto de terminar con los pacientes que entraron en 2015, y reduciremos la demora». ¿Qué obesos operan? La doctora Hernández Cosido detalla que se trata de pacientes con un índice de masa corporal (ICM) por encima de 40 kilos por metro cuadrado, en el caso de no tener morbilidades, «o mayores de 35 con patologías como diabetes o hipertensión, que en este caso es evitar o disminuir el uso de fármacos para controlar la comorbilidad». Según algunos estudios que manejan estos cirujanos, «es más barato operar a estos pacientes que mantener tratamientos crónicos y la asistencia hospitalaria que necesitan». La Cirugía de la Obesidad comenzó a realizarse en el Complejo Asistencial de Salamanca en el año 2002-2003 y el número de operaciones se ha ido incrementando bastante en los últimos años, «antes se hacían unas diez anuales», pero también reconocen que no era una cirugía establecida ni había tanta demanda.

Este equipo cuenta con un quirófano los lunes para operar la obesidad y, antes de la intervención, cada paciente tienen que pasar por un protocolo donde son evaluados por otros especialistas del hospital. Como detalla el doctor Felipe Parreño, «tienen que pasar por Endocrinología, Cardiología,Neumología y Psiquiatría, porque estos últimos son los que detectan si tiene algún trastorno de la alimentación, que en ese caso no sería candidato a la cirugía». Lourdes Hernández Cosido aclara que la vía habitual es que lleguen a Cirugía Bariátrica desde Endocrinología, «cuando ya le han puesto un tratamiento, ha hecho las dietas y ha visto que su paciente no es subsidiario de una terapia médica sino quirúrgica, es cuando nos llegan».

Una de las indicaciones para ser intervenidos es que la obesidad sea mantenida durante los últimos cinco años, «no de una persona que engorde de repente y quieran operarse». El doctor Parreño deja claro que la cirugía es una herramienta que dan para que esa persona pueda adelgazar, «pero si luego no cumple las normas, fracasaría». Además, estos pacientes son atendidos por un equipo multidisciplinar, porque una vez que estabilicen su peso, el equipo de Cirugía Plástica se encarga del sobrante de piel, como el faldón abdominal, la mamoplastia o la reparación de la piel de los tripces, etc.

En cuanto al perfil, se opera a más mujeres y gente joven, aunque la indicación está entre los 18 y los 65 años. La media del IMC de los pacientes intervenidos en Salamanca es de entre 48 y 50, «muy altos», sentencia Parreño, y lo más habitual es que el sobrepeso sea un problema que viene desde la infancia. La doctora Hernández Cosido aclara también que hay un porcentaje genético, pero es escaso, «en realidad es un equilibrio entre ingesta y gasto, con casos de sedentarismo y malos hábitos alimenticios, sobre todo, la ingesta de productos muy ricos en kilocalorías, como pueden ser las hamburguesas o las pizzas».

Felipe Parreño lamenta que el acceso a este tipo de comida sea tan fácil y barato, «la bollería industrial está haciendo mucho daño también, es terrible». Hay diferentes tipos de personas que llegan a la obesidad mórbida, que son, como detallan estos especialistas, «los picoteadores de dulce o salado durante todo el día, los de pequeños atracones y los de plato grande, que además comen muchas veces». En cuanto a las técnicas, se emplean dos, o la reducción de estómago o el ‘bypass’ gástrico, todo por laparoscopia, aunque se impone por cantidad la primera de ellas. «Después de la intervención llevan una dieta durante tres meses, el primer mes de líquidos (con batidos hiperproteicos), y el segundo, a purés y ‘túrmix’, y el tercero ya normal», precisa la doctora Hernández Cosido. La mayor pérdida se produce el primer año, con un promedio de entre 60 a 80 kilos, y de unos 10 al mes los tres primeros.

En el hospital todo está adaptado para este tipo de pacientes con un gran peso, desde las camas, que soportan hasta 280 kilos, o la mesa del quirófano, hasta 300, así como las tallas especiales de la ropa, o el material quirúrgico. Estos especialistas insisten en que la obesidad ya es definida en el mundo, «como una pandemia», que se puede evitar con hábitos saludables.

Fuente: https://www.elnortedecastilla.es/salamanca/cirugia-obesidad-interviene-20181111111003-nt.html