España es el país europeo, donde más operaciones estéticas se realizan al año y el quinto a nivel mundial. Una realidad que aumenta cada año, porque nos preocupa nuestra imagen tal es el bombardeo constante de fotos de gente guapa, joven y flaca que terminamos recurriendo al quirófano para pagarnos una cara distinta, sin arrugas, unos pectorales olímpicos y unas orejas perfectas . ¿Existe la adicción a las cirugías plásticas? ¿Qué nos lleva a pasar por el quirófano? ¿Por qué esta necesidad de ser ‘otro’?  Una psicóloga y un cirujano plástico nos dan su opinión.

Una vuelta por la aldea virtual nos mete de lleno en la realidad de las cirugías estéticas y de otros tratamientos:  cientos de productos ‘comegrasas’, dietas milagrosas, cremas que borran las arrugas en 15 días, lifting faciales,  operaciones para el alargamiento de pene, blanqueamiento anal, rejuvenecimiento de la vagina (vaginoplastia), aumento de pechos, de glúteos y así, hasta donde la imaginación alcanza y más.

¿Qué lleva a tanta gente a pagar por parecer más joven, por cambiar de nariz o subsanar esos pequeños detalles de nuestra anatomía?  En España, donde miles de operaciones estéticas se hacen al año, esta experta no cree que existe un problema o patología social particular, sino que lo achaca fundamentalmente a un factor “cultural”.

“La autoestima, los complejos, miedo a ser juzgados, el cómo enfrentamos las adversidades, el nivel de aceptación hacia nuestra imagen, las expectativas serían factores claves que harían decantarnos por una operación de estética. A pesar de no ser indicativos puros de patología no pienso que en España
puntuemos más alto en estos factores para justificar el dato de ser uno de los primeros países que mas se opera, sino que debe haber otros factores culturales, más que patológicos, que también favorezcan o expliquen este incremento. ”

Cada vez encontramos más personajes que gozan de sus 15 minutos de gloria, porque se han gastado absurdas cantidades para convertirse en actores de Hollywood. Por ejemplo, está el Ken humano, un hombre que ha modificado completamente su físico sometiéndose a una decena de intervenciones quirúrgicas para ser idéntico al fiel compañero de la muñeca Barbie.
El cirujano estético, Ignacio Sanza, con más de 8.000 operaciones de este tipo, no ve síntomas de desequilibrio o necesidad de evaluar psicológicamente a sus pacientes, aunque sean reincidentes, en esto de pasar por quirófano.

“Durante estos 25 años he visto de todo. El 90% son personas con un complejo por un problema físico y cuando lo hemos corregido no sólo ha conseguido estar satisfecha y contenta por estar dentro de los cánones de belleza de la sociedad actual, sino que les he ayudado psicológicamente al cien por cien”, afirma rotundo.

Para Sanza las operaciones estéticas conllevan un cambio psicológico, porque muchas personas que se ponen en sus manos sufren un complejo psicológico y habla de pacientes con una deformidad, no de un “cambio de nariz o de orejas, operaciones pequeñitas”.  Además de que evita juzgar a sus pacientes, aún cuando vengan a pedirle que los convierta en Brad Pitt.

“Es cierto que a veces me ha venido algún paciente que me ha pedido operaciones que a mí me han parecido poco naturales para mis cánones de belleza, pero no considero que por ser cirujano plástico y tener mi propio criterio de la belleza y la elegancia tenga que ser para todo el mundo igual, pero no los juzgo”. Por ese motivo no he sometido a ningún paciente mío a ninguna valoración psicológica previa a no ser que en el momento de coger datos de historia clínica me comenten que estén en tratamiento psiquiátrico. ”

¿Adictos a la cirugía estética?

Uno de cada nueve españoles se somete a una cirugía estética influido por los ‘selfies’ y los comentarios a sus autofotos en las redes sociales, según una encuesta de la Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética(SECPRE).  Ser  guapos, musculados, atractivos tal y como nos pintan. ¿Podría convertirse en una  obsesión? ¿Existe la adicción a la cirugía estética? Sí, existe, pero también otras obsesiones, como “la dismorfofobia, que sí entraría dentro de lo patológico, asegura Terron.

Este psicóloga distingue entre dos tipos de cirugía estética: La reparadora o reconstructiva y la que busca un cambio en el aspecto externo.  En su opinión ambas son aceptables, pero advierte de que pueden generar adicción  “ya que algunas personas, cuando superan el miedo a los retoques, se enganchan a la necesidad psicológica y enfermiza de repetir una y otra vez en busca del cuerpo perfecto que les haga sentir de una determinada manera que no consiguen de ninguna otra forma. ”  ¿Cómo distinguir un deseo normal de una adicción al bisturí?  La frecuencia, la dependencia emocional y la duración del efecto positivo de la propia cirugía serían indicativos de adicción.

“Es cierto que he tenido algún paciente que he operado de varias cosas y podríamos llamarlo asiduo al a estética. Si cada operación que le hago son diferentes mejoras, no pongo ninguna objeción, por ejemplo una persona que no le gusta su cara ni su cuerpo y se quiere arreglar la nariz, se quiere poner cabello, se quiere arreglar unas orejas que tiene prominentes, un pecho que tiene caído, una barriga que le cuelga después de varios embarazos y lo que desea es hacer una puesta a punto, volver a estar bien, incluso mejor que en su juventud.  Algún paciente puede ser agraciado físicamente para mi, es decir, yo no lo operaría si fuera mi hijo o mi hermano, pero ellos desean un cambio y si yo puedo ayudarle a conseguirlo, lo hago. (..) “No soy yo quien tiene que juzgar el gusto estético de la otra persona”.

Terron,  por su parte, no estigmatiza las operaciones estéticas, porque “querer mejorar no solo como personas sino vernos mejor es algo sano y esperable.” El problema es cuando un problema psicológico quiere operarse en una sala quirúrgica con bisturí.”

Fuente: https://www.cuatro.com/noticias/sociedad/cirugia-estetica-adiccion_0_2627100031.html